7/01/2011
En este momento hay ciento ochenta y siete mil mujeres sintiéndose únicas.
Apreciando su piel, arañando la realidad y colándose en algún sueño. Chocando contra las paredes de un cuerpo infinito, flotando. Cerrando puertas, abriendo horizontes. Andando a hurtadillas, confesando pecados y rogando poder repetirlos. Robando sonrisas y agujereándose el alma.
Y aquí estas tú, leyendo este texto. ¿A qué estas esperando? Que las oportunidades son como balas, y en este momento, justo en este momento, tú eres blanco.
Recuerdo como sobrepasaba los límites del tiempo y las diferencias no existían, es cierto, tú me lo enseñaste. La seguridad pasaba a ser un motivo secundario y nos centramos en la razón por la que no podíamos dejar de hacerlo. Me explicabas una y otra vez que lo importante era disfrutar de aquella situación, y si alguna vez dudaba, que me preguntara a mí misma si podría vivir sin ello... Yo creo que todos los defectos que encontraba en mí era porque tenía la necesidad de estar sola y liberarme para poder estar sin cargos de conciencia. Decías que
podíamos (debíamos) permitirnos una nueva vida. Que solo importaba del amor, la confianza y la sabiduría con la que se tomara.
Después volvimos cada uno a nuestra estrella, en secreto. Y aquello se convirtió en amor de contrabando.
Etiquetas:
Somos inevitables
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

El día que escribas tu primer libro quiero un ejemplar dedicado de rumbo a mi casa ! Si no lo haces será algo que no te perdone en toda la vida ! Jajajaja :)
ResponderEliminarOh dios, me encanta... es de lo mejor que he leído en mucho tiempo.
ResponderEliminar