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11/10/2013

Aquella noche tenía la nariz completamente congelada. Fría, áspera y rojiza
Intenté colocar una mano sobre ésta, y después la otra, pero aquella frigidez me resquebrajaba la cara. Subí las sábanas de la cama hasta arriba, esperando que esa efímera soledad cálida me sostuviera templada, pero el frío era glacial.
Entonces apareció. Y abrazó su pecho contra mí. Me rodeó con sus brazos y la seguridad se me hizo eterna. Sonreí e intenté mirarle desde abajo, observando el rojizo de su vello. Esa barba pronunciada que a mí me volvía loca. Infranqueable. Él no me miraba, sus párpados consiguieron cerrarse, y a mí me pareció perderme en sus pestañas, esa noche caí rendida.

También recuerdo cómo me miraba de reojo mientras hablaba por teléfono, buscando respuesta en mi mirada, pero mi sonrisa estaba apagada, furiosa. Entonces buscaba mi mano, desenroscaba con sus dedos mi enfado y se situaba justo dónde quería, me arrancaba una carcajada y todo lo demás pasaba volando entre él y yo.

A veces quise golpearlo, pero nunca fue así. Siempre chocábamos cómo dos icerbergs al encontrarse, y a veces chocábamos nuestros labios. Me besaba tan sincero que me fui consumiendo hasta convertirme en el humo de sus besos.

9/22/2013

Coloco el perfume de tu pelo alrededor de tus pestañas, y tu espalda se hace un tobogán infinito. Es tan bonito el color de tus imperfecciones...

El otoño camina por la falda de tu cama y nos deja la fuerte lluvia pasear por los cristales de tu ventana. Y ahí estás tú mientras tanto, infinitamente protector, agarrando con tu brazo la timidez de mi cadera, insegura. 

Las dudas, el tiempo, el espacio, las fechas, los acontecimientos; las personas. 
La incertidumbre que supone saber cuando vas a marcharte, y el hecho de que me tiriten las piernas y que el corazón se me detenga con la posibilidad de que sea para siempre.

La confianza me flaquea, autodestructiva. Y me veo incapaz de pararlo, porque tengo miedo, miedo irracional, obsesivo, enfermizo y loco de perderte. Pero entonces apareces, te acercas cada vez más y colocas tu pie sobre el mío, me arropas y subes las sábanas hacia las estrellas. El eco se hace ínfimo, y tú apacible, rompes con mi magia.

5/04/2013


Sigo turbada. El desconcierto es incesante. ¿Realmente es posible? Disimulas,
pero nadie te ha dicho que lo haces fatal. 

¿Cómo podría librarme de aquel cosquilleo? De la sonrisa traicionera que aparece cuando más te odio, de la sensación que me produce arrancar cada hoja del calendario y verte reflejado a través de la ventana, de morir cada milésima de segundo cada vez que dices que te vas (y también de  cada vez que regresas), de las mañanas, pero sobre todo de las noches. De la adrenalina que me rodea cuando aceleras y preguntas¿qué te pasa? De los desvelos, de las dudas, de poder comprobar cómo se abre cada una de tus cicatrices y que me des la
oportunidad cerrarlas. De las lágrimas. De el sonido de tu voz...  Joder, de cada uno de tus parpadeos. De la puta manera en la que tienes de hacer que me tiemblen las rodillas, de las veces en las que te mataría porque no creo que  vuelva a decirle a nadie 'te quiero' cómo te lo digo a ti. De la magia que hace que contigo no sepa ni dónde estoy, y a la vez, me lleva de nuevo a casa.

Probablemente no creas que alguien tiene el poder de cambiarlo todo de esa manera, pero si vieras la manera en que me mira lo entenderías todo.

4/27/2013

Flotando dejaba posarse entre los versos que nunca le dije... Me sonríe y me aprieta muy fuerte la mano intentando decirme con sus ojos que no dejaría de quererme nunca, pero algo confirmaba todas mis sospechas; el silencio me susurraba que nunca lo escucharía. Agoto todas mis balas y me agarro a la última opción que se limita a dejarme con los pies a veintiocho centímetros del suelo, sonrío y escribo con la tinta invisible de los oídos muertos que en cada futuro nuestro, estaría mi pasado y un presente suyo, eterno e inmortal.