9/28/2011
Mi corazón quiere salir de mi pecho e irte a buscar, pero ésta ciudad esconde recovecos adversos que desconocía en cada esquina.
Los coches van a una velocidad desorbitada,
desordenada, incalculable. Chocan, (cómo hicimos nosotros) en cada palabra más alta entre los gestos de un cristal, tan frágil, que es capaz de resquebrajarse a cada decibelio aumentado.
Y se esquivan por cualquier motivo, o por cualquier maniobra que dé la señal de que estamos al rojo vivo, ardiendo.
Los peatones se evaden en su propia indiferencia y le dan mil vueltas de campana al reloj, cómo si hubiera una hora exacta para cada momento, ignorantes.
Y aquí sigo yo. Intentando que me cedan el paso, o un latido más para escapar del ruido que me impide pensar en ésta libertad que tiene cadenas.
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9/25/2011
Llévame a Venecia. Llévame a cualquier sitio que no sean estas cuatro paredes que hablan por sí solas, volviéndome loca. Llévame a uno de estos vacíos existenciales donde solíamos retorcer nuestros sentidos, donde componíamos la banda sonora de aquellas historias idílicas que nunca supimos revivir.
Llévame a aquel encontronazo tonto que tuvimos con la realidad y déjame explicarle cómo nos ha ido hasta ahora.
Llévame a la quinta avenida y repite otra vez que las luces no brillan igual cuando estoy contigo. Llévame, teletranspórtame, o usa cualquier mal truco, hechizo o brujería para hacerme feliz en invierno, antes de que caigan las últimas hojas y empape ésta acera borrando tu recuerdo. Llévame contigo en tu maleta. Llévame como segunda opción. Lleva mi recuerdo a otros lugares del mundo. Lleva tu precaución por delante y no me quieras: hazme el amor.
No me lleves. Tráeme de vuelta a aquel tiempo en que las sonrisas eran fabricadas dos segundos antes de verte la cara y treinta razones después de quererte.
No me lleves a ningún lugar donde no estés tú.
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Somos inevitables
9/15/2011
Un día descubres que ya no tienes respuestas para todo, que tu cabeza no va al ritmo que debería y que las noches son más largas cuando sueñas despierta. Que tus pasos ya no piensan, y ya no sabes si acelerar o hacer un descanso en los bordillos del cansancio.
Que la brisa es a cada suspiro más fría y se envenena por cada recuerdo de sonrisas que se escapan del hemisferio equivocado.
Que ya no hay definiciones, sino ecuaciones elevadas a la sexta mala palabra del verbo 'joder'. Sí; joder. Y así suman siete y se me ha olvidado conjugar, elevar y cualquier otra cosa que me recuerde que ayer era importante sentirnos vivos. Se me ha olvidado dar lecciones. Se me ha olvidado dar. Se me ha atascado el corazón por esta bendita
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