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4/30/2014

Cuatro segundos. Y justo después el sonido de las pestañas de tus ojos abrazándome.
Ocho segundos, y clavas tu respiración en mi nuca lentamente mientras murmuras algo que no entiendo, pero que me lleva a callar mis suspiros enrevesados que azotan desesperadamente imaginaciones transitorias que me paralizan.

Deslizo la cadera, y tu voz me hace ascender y por un momento no quiero respirar. No quiero borrar tu sonrisa arrastrándome hacia el fuego, quemando mis manos. Inmortalmente perfecto, casualmente ordenado, simplificado pero inmenso. Al mando de todo, sumido en la adversidad que supone sostener la esperanza de un futuro casi descompuesto.

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